La construcción mental que hacemos de la realidad
obedece a una cultura, nadie empieza de cero, todos partimos de una estructura
social en la que estamos insertados desde el nacimiento hasta la muerte. Esto
quiere decir que el constructo de la realidad a través del lenguaje se da desde
la cultura, las nociones y el ver las cosas es un artificio que nos implantan de
acuerdo con el lugar en que crecemos o nos desarrollamos.
Por eso, el lenguaje como herramienta social, se
presenta con unos datos pre-establecidos para el sujeto como lo es el idioma,
las formas de relacionarse, los discursos políticos o religiosos del país en donde
nace, la publicidad, los medios masivos de comunicación, entre otros. Estos
datos establecidos hacen que construyamos la realidad con un significado más
cultural que individual, un significado artificial más que natural.
Por otro lado, la realidad construida desde el
lenguaje es también innovada por el sujeto. La persona que es influenciada,
criada y formada en una cultura, la puede moldear desde el lenguaje y por tal
moldear la realidad.
Además, existen problemas en el lenguaje como los
ruidos de la comunicación que son prejuicios que hay en el emisor y el receptor
obstaculizando la claridad del mensaje. Este ruido puede terminar en la
violencia, desde mal entendidos a los mensajes intencionados contra una minoría.
Ampliando el tema, se percibe la problemática de la
violencia generada en los discursos políticos y religiosos, que va en contra de
un grupo determinado manipulando los prejuicios del receptor. Esta construcción
de la realidad a través del lenguaje es apoyada por los medios de comunicación,
los intereses de un sector dominante y los intereses del mercadeo.
Expresando en otras palabras la idea anterior, se comprende
que el mensaje que se transmite tiene una intencionalidad, un horizonte del
contexto del autor, pero ese prejuicio del emisor quizá no permite interpretar
el verdadero sentido del mensaje. Aunque también, el emisor tiene la intención
de aprovecharse del prejuicio del receptor para convencerle de una idea, sin
argumentos sólidos, en contra de un contrario.
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